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ARENA NEGRA 

Un hombre escapa desde España hacia Venezuela. Deja a su mujer y a sus hijos. Una hija que espera algo más que un retorno, que busca en ese abandono una conexión, un sentido a la ternura de un gesto que le huye. Una madre que extraña, pero que se niega a vivir en la espera. Un poeta y un novelista que escriben, que callan, que intentan atrapar sinuosas historias de mujeres asediadas por sus más intensas pasiones. Una novela de veleros ilegales que cruzan el océano, de amores confusos, de familias que buscan insólitos caminos para la felicidad. La gran historia sobre las mujeres de este siglo XXI.

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LA NOCHE Y YO 

Con pasión y riesgo, así parece escribir siempre Juan Carlos Méndez Guédez, uno de los más  valiosos narradores hispanoamericanos de la actualidad. Con emoción, intensidad y seducción están escritas –y es lo que trasmiten– los tres relatos que forman La noche y yo, que en el fondo bien podrían ser una única conversación cruzada con otras conversaciones alrededor de una historia de amistad y sexo y abandono y reunión; o varias historias de recuerdos y deseos, arrepentimientos y decisiones e insomnios; o una historia de Caracas lloviendo, o de Madrid lloviendo o, incluso, de Bir Tawil con lluvia, y de noche, «la noche como un cuchillo que abre en dos el vientre de un pescado»; y una historia o varias de libros subrayados, de lecturas y lectores, de gente que vive por los libros y desde los libros, porque –como señala uno de los narradores de La noche y yo– solo en lo que leemos fuera somos capaces de reconocernos dentro.

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20 MERENGUES DE AMOR Y UNA BACHATA DESESPERADA 

 

​Veinte merengues de amor y una bachata desesperada es la historia de una fiesta caraqueña y su resaca amorosa. Aferrado a un trago de ron, Neftalí se ve acorralado entre dos mujeres que amenazan con arruinarle la rumba. Durante esa larga noche se cruzan las líneas de un triángulo erótico, el fanatismo nerudiano, el ocaso de las ilusiones juveniles y las atribuladas vidas de unos personajes que comparten una fiesta inolvidable. Juan Carlos Méndez Guédez vuelve a cautivar a los lectores con una historia divertida y evocadora, cuya prosa transpira la sensualidad del merengue y la bachata. Un libro para cantar y brindar por los amores del pasado. Una novela que deja la sensación de haber bailado toda la noche al compás de los recuerdos más queridos

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IDEOGRAMAS 

Juan Carlos Méndez Guédez demuestra en sus cuentos que una cicatriz puede surcar las páginas de un libro o las dos orillas de una geografía, de una lengua. Es la cicatriz que cierra la herida abierta por la separación forzosa, por la memoria borrada o el sentimiento vacío. Y como sutura, el gusto y el placer por lo sensitivo, por el detalle que cruje, por el viaje temporal en dos direcciones de unos personajes que parecen siempre volver, buscar, amar y, en un gesto de asentimiento, mirarse los propios zapatos que pisan la nieve.

 

Aquello que ya pudimos comprobar en su anterior libro de cuentos –Hasta luego, míster Salinger– se confirma en estos Ideogramas: que la de Méndez Guédez es una apuesta por la calidad, el riesgo y la intensidad.